martes, 30 de agosto de 2011

Cambios.


La vida va muy rápido, no tenemos tiempo para nada. Nos limitamos a actuar, a decidir sobre la marcha y a ir corriendo. Para no desequilibrar nuestra ordenada vida seguimos rutinas, repetimos patrones de actuación y ante todo, no pensamos.

Vamos, venimos, hacemos, contamos, corremos y volvemos a empezar.

Sin que nos demos cuenta las cosas van cambiando, nosotros seguimos con nuestras rutinas y no lo advertimos, pero las cosas siguen su evolución, van girando..


Hasta que llega un momento en que te paras a pensar y te das cuenta. Hay novedades. Quizás ya no tengas 13 años, quizás estés a punto de entrar a la facultad, quizás te acaben de regalar un coche, quizás lleves cinco años con tu novio..
Y no te has dado cuenta de nada. Esas cosas han aparecido ahí de repente. Se han ido incorporando a tu rutina sin tú notarlo. Y es justo en ese momento, en el que te das cuenta de que algo ha cambiado.

Te paras y piensas en tí, en cómo eres, en cómo eras.. en los cambios. No eres el mismo. O quizás si, y sólo sea tu apariencia. O quizás tu apariencia se mantenga casi intacta y seas tú el que has cambiado. El que en su forma de ser, de pensar, de relacionarse, haya cambiado esos patrones adoptados como rutina.

Y surgen las preguntas. Por qué? Cómo? Y...cuándo? En qué momento ha pasado? Para mejor o para peor? Y no se saben responder. Quizás todos lo sepan, pero tú eres el último en enterarte. Has cambiado. Y desde tu nueva visión.. no eres capaz de verlo objetivamente.

Te sientes perdido. Pero por poco tiempo. Quizás unos minutos, unas horas.. como mucho unos días. Y te reincorporas a la autómata rutina en la que no pensar es la clave.



Se deja el tema apartado.
Buscas alguna explicación rápida y ausente de dolor, y hasta otra vez...

Cuando no haya prisa o se pare el tiempo.


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jueves, 18 de agosto de 2011

Monotonía.

Esa sensación de que falta algo. Ansiedad. Ese buscar algo. Necesitarlo. Buscar buscar buscar buscar. Pero buscando la felicidad en la meta también, no mientras buscamos. Ahí está el problema. Ese vacío. Querer llenarlo y sin saber con qué.

Amigos, alcohol, sexo, drogas, tabaco, deporte, fiestas, comida, blogs, amor...
Y sigues sin estar satisfecho. No lo encuentras. Desespera. Desespera buscar y no encontrar, y además no saber qué estás buscando.

Todo lo encuentras gris, vacío, monótono. Siempre igual. Y no sabes qué hacer. Te aburre.

Si, justo eso es lo que me pasa. Me falta algo. Y me domina una ansiedad que no soy capaz de controlar. Y entramos en el circulo vicioso del que nunca consigo salir. Ansiedad - comida - drogas - deporte - fiestas - más comida- e incluyo alguna novedad pasajera. Y como nada de esto me satisface, pues más ansiedad.



Buscas cosas nuevas, algo que te entretenga, que parezca que llenas ese vacío. Pero eso es difícil. Es encontrar algo que distraiga suficientemente tu atención como para que no tengas ganas de hacer nada más. Y eso es difícil.

Buscas llenar ese hueco con grandes cosas. Fiestas caras, drogas difíciles de conseguir, mucho alcohol, sexo muy salvaje, deportes arriesgados y comida extraña. Pero supongo que el secreto de las grandes cosas está en los pequeños detalles. Quizás una conversación con alguien, un atardecer sentada en algún típico sitio, un recuerdo suficientemente intenso..

Pero mientras todo esto llega me limito a sobrevivir. No vivo. Sobrevivo a base de tabaco, drogas y alguna que otra cosa.


Hoy ha sido un día raro. Había quedado con un colega en nuestro típico sitio y él no ha venido. Yo he llegado antes de la hora y me he sentado a esperar mientras me fumaba algo y escuchaba de mis canciones. Cuando me he dado cuenta habían pasado tres horas, mi colega no había venido, yo no me había movido apenas y había visto un atardecer precioso. Me he sentido como un ser realmente inerte. Y a la vez, he disfrutado mucho el momento.
Me encantan mis tardes así. Aunque hoy me hayan dado plantón.